Física por FM

La relación entre ciencia y religión y en concreto con el cristianismo no ha sido siempre sencilla. En el siglo XIX esta relación se presenta como un pretendido continuo conflicto entre ambas, como lo reflejan las obras de John W. Draper (1874) y Andrew D. White (1896). En ambos libros se habla de conflicto, guerra e incompatibilidad entre ciencia y religión y contribuyeron en gran parte a esta leyenda que como veremos no tiene ningún fundamento histórico. Por ejemplo, Draper afirma que “la Iglesia ha frenado siempre los progresos de la ciencia buscando la solución de los problemas en la autoridad” y que “la ciencia y el cristianismo romano se reconocen mutuamente como incompatibles”. En los mismos años, en 1891, León XIII con ocasión de la creación del Observatorio Vaticano se hacía eco de estas opiniones y llamaba la atención sobre los que calumnian a la Iglesia como amiga del oscurantismo, generadora de ignorancia y enemiga de la ciencia y del progreso y afirmaba que la inauguración del observatorio mostraba claramente que ella y sus pastores no están opuestos a la verdadera y sólida ciencia, sino que la abrazan, animan y promueven con la mayor dedicación. Esta agria actitud de ataques y defensas se prolongó durante los primeros decenios del siglo siguiente. Todavía en 1976 Pablo VI reconocía que este malentendido entre el pensamiento científico y el pensamiento religioso cristiano sacude nuestra seguridad mental y es el gran problema de nuestro tiempo y aseguraba que la mentalidad religiosa no tiene nada de contrario al progreso científico, sino que al contrario lo favorece y lo integra tanto objetiva como subjetivamente con su culto a la Verdad total.

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