La obra Galileo herético, de Pietro Redondi, ha atraído, gracias a su éxito editorial, la atención de un público mucho más amplio que el círculo restringido de especialistas sobre la censura del atomismo por las autoridades eclesiásticas. Sin embargo, la tesis de la «herejía eucarística»1 no tiene fundamento y lo muestra no sólo el conocimiento profundo del funcionamiento de las instituciones inquisitoriales romanas, sino sobre todo el hecho de que esa tesis reposa sobre un presupuesto esencial, compartido por la mayoría de los autores que se han ocupado de la cuestión: la existencia de una ortodoxia católica respecto al atomismo, basada en los decretos del Concilio de Trento, que la Inquisición romana se esforzaría en defender.