Física por FM

El principal asesor científico del papa Benedicto XVI y Nobel de Medicina en 1978 alaba la visión científica del Antiguo Testamento y afirma que la religión y la ciencia son compatibles.

Werner Arber es el principal asesor del papa en cuestiones de ciencia. Lleva dos años en el puesto y, hasta hoy, nunca se ha sentado con el sumo pontífice para hablar cara a cara. “Hace unos años”, relata este ganador del Nobel de Medicina en 1978, Benedicto XVI le hizo la pregunta más directa y urgente que le ha hecho nunca: “¿Cuándo puede decirse que una persona está realmente muerta?”.

La duda llegó por escrito y de las manos de un obispo, como es costumbre en la Santa Sede. La Academia Pontificia de las Ciencias, asesora científica de los papas desde 1936 y que Arber preside, se apresuró a llevar hasta el Vaticano a más de 20 expertos en neurología de todo el mundo para que se reuniesen a puerta cerrada durante dos días y elaborasen una respuesta digna de Joseph Ratzinger.“No he preguntado al papa, pero mi interpretación es que la Iglesia quería saber en qué momento preciso el alma sale del cuerpo al morir”, confiesa Arber durante una entrevista con Materia realizada esta semana en Madrid.

Este es el tipo de preguntas imposibles de responder para un científico con las que Arber se siente cómodo. La carrera vaticana de este microbiólogo suizo tiene reminiscencias papales. Lleva más de 30 años siendo miembro de la Academia Pontificia de las Ciencias y hace 15 logró entrar en el selecto consejo “de seis o siete miembros” que asesora al presidente de esta institución. Tras la muerte del entonces presidente, el físico italiano Nicola Cabibbo, en 2010, Arber aceptó su puesto actual y se convirtió en el nuevo jefe de los asesores científicos del Papa y el primero de la historia que es protestante. Hoy es el encargado de informar al papa de los últimos descubrimientos científicos y de preparar respuestas para sus delicadas preguntas en cuestión de ciencia.

Usted es el principal asesor científico del papa. ¿No llega un punto para él en el que sus creencias, que incluyen que Dios creó el mundo, chocan con la evolución?

Depende. Es algo sobre lo que yo también he pensado pero me inclino a pensar que, si yo fuera Dios, haría un sistema que crea cosas nuevas a una velocidad muy lenta. Esto no solo es aplicable para la evolución planetaria, que lleva mucho tiempo, sino también para grandes poblaciones de seres vivos. Unos pocos generarán mutaciones que, de acuerdo con Charles Darwin, se someterán a la selección natural, de forma que si son apropiadas se mantienen y si no lo son, desparecen con el tiempo.

Usted informa al papa de los descubrimientos científicos más recientes ¿Sabe cuál le ha interesado más, por ejemplo, el del bosón de Higgs?

En ese momento tenía una entrevista con un periodista sobre la partícula de Dios. Y le dije “no deberías pensar que el higgs es la única partícula de Dios, de hecho todas las partículas fundamentes son partículas de Dios”. Es extraordinario cómo estas diminutas estructuras subatómicas se unen para construir átomos y luego estos se unen para hacer una célula y finalmente seres humanos, las plantas que comemos, etcétera, es fantástico.

¿Está de acuerdo con el nombre “la partícula de Dios”? ¿Fue esta partícula creada por Dios en su opinión?

En estos asuntos cruzamos en la línea divisoria entre los hechos y las creencias.

¿Cree usted que uno puede creer en Dios y aún así ser buen científico?

Sí. Y conozco mucha gente que lo hace. Otros se declaran agnósticos. Pero eso también es una creencia, no hay pruebas de que Dios no exista. Científicamente no se ha podido probar si Dios existe o no.

¿Alguna vez ha sentido que la postura de la iglesia católica chocaba con sus propias visiones de la ciencia?

No. La Academia de las Ciencias elige a sus miembros entre los mejores y un tercio de nuestros miembros son premios Nobel. No todos contribuyen activamente, pero algunos lo hacen. Ahora en EEUU y también en Europa aparecen cada vez más iglesias evangélicas que niegan la evolución, dicen que hubo un solo acto de creación y que nada ha cambiado desde entonces. De hecho yo he leído de forma crítica el Antiguo Testamento para ver lo que dice sobre el comienzo de la vida, en el Génesis. Si lo lees, verás que hay periodos de tiempo. Un día no significa 24 horas, sino periodos de tiempo. Dice que el planeta Tierra fue el primero en aparecer y después la luz, es decir, el sol. Científicamente es totalmente incorrecto. Pero es una visión entendible en un tiempo en el que no había astronomía. La vida no empieza con bacterias en el Génesis, pero sí aparecen primero las plantas, luego los animales y al final los seres humanos. Ese es un proceso escalonado que no encaja con la visión de que nada cambió desde la creación. Además el Génesis describe físicamente a los descendientes de Adán y Eva, y cada uno tiene características específicas, cada uno es diferente del otro. Caín y Abel, dos hermanos, eran totalmente diferentes el uno del otro. Esto quiere decir que los que escribieron el Génesis sabían de la existencia de diferentes fenotipos. Y ahora sabemos que esos fenotipos se deben a que la información genética es diferente. ¡Está todo ahí!

¿Entonces el Génesis es científicamente consistente?

Sí, totalmente.

¿Que me dice de “Dios creó el mundo en siete días” o que a Adán lo hicieron con barro?

Para mí el barro son las partículas fundamentales.

¿Entonces son compatibles la creación y la evolución?

No creo que cada vez que se divide una bacteria sea una decisión de Dios. Es un sistema automático.

¿Entonces opina que fue Dios el que inventó la evolución?

Yo no veo a Dios como una persona, sino como un poder. Este sistema no toma decisiones específicas caso a caso, así es como lo veo yo.

¿Le ha contactado directamente el papa alguna vez?

Sí. Pasó hace unos años. Se nos ordenó que informásemos del momento preciso en el que una persona muere. Entonces reunimos a los expertos en la materia porque la respuesta no es tan fácil como parece. Tuvimos que considerar la muerte cardíaca y la muerte cerebral. Los especialistas en general creen que la muerte cerebral es el momento en el que una persona fallece. La respuesta a esta pregunta es clave para permitir que los órganos puedan ser trasplantados y no se pudran en el cuerpo muerto. Por otro lado es clave no sacarlos si es posible que el paciente se reanime. Por ahora no podemos reanimar a alguien que sufre una muerte cerebral, pero sí alguien que sufre la muerte cardíaca. Esa fue nuestra respuesta.

Fuente: El Observador

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